Acabó el dulce week-end. Podría decir que, cuando menos, resultó sorprendente. Siempre esperamos algo soberbio, lleno de fuegos de artificio, de grandes cosas, de lo más de lo más, porque si sucede lo contrario habremos fracasado en nuestra "Uñas de gel".
Pero he descubierto que es mentira. Que no podemos fiar que en dos días suceda lo que no ocurre en meses o años de nuestra vida. Que las cosas, cuando pasan, lo hacen en función de una serie de antecedentes y de "ladrillos" que nosotros les hemos estado poniendo previamente y, un poco también (es cierto) por auténtica casualidad.
Es variado el sabor que el fin de semana ha dejado en mis labios/fauces. Hay acontecimientos brillantes que cumplieron las expectativas, y otros que, simplemente, transcurrieron. Y no me molestó que no todo fuesen torbellinos, grandes cambios, luces de colores y Uñas de gel con su camisita y su canesú.
También disfruté de momentos más suaves y pausados, en los que daba tiempo a ver pasar la vida casi a cámara lenta. Y os juro que la muy jodida de ella me guiñaba un ojo mientras decía lo de "tempus fugit" y otras zarandajas.
Resumiendo, darlings, que tendremos la vida que construyamos día a día y no la que queramos soñar que ocurrirá de golpe en un mágico fin de semana.
Sigo oyendo a Cat Stevens "pa desengrasar" la jornada que termina, y es que la canción que suena viene al pelo : "Tuesday's dead". ¡Viva el Miércoles, fuente!

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